A veces, solo necesitas a alguien ahí

By Linda Buxa
A veces, solo necesitas a alguien ahí

Shoji Morimoto fue despedido en 2018. Su jefe dijo que a Shoji le faltaba iniciativa y lo acusó de “no hacer nada.” Pero Morimoto convirtió ese “no hacer nada” en un trabajo que le genera 80,000 dólares al año cuando empezó a alquilar su compañía a desconocidos para todo tipo de eventos. Ha animado a corredores en la meta de un maratón, se ha quedado en línea mientras una mujer limpiaba su cuarto, ha ido a conciertos y fiestas con personas que no quieren ir solas, y ha escuchado a quienes están pasando un mal día. No solo acompaña a personas que se sienten solas; las motiva y les da valor, como si la fuerza estuviera en estar juntos.

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Él no es el único en Japón que ofrece este servicio. Hay otras empresas que rentan citas, amigos o incluso familiares. En un artículo de CNBC, Ai Sakata, consultora de Nomura Research Institute, comentó: “Esto encaja con las necesidades recientes de la gente en Japón, que no busca amor ni matrimonio, ni quiere lidiar con esos compromisos, pero sí quiere a alguien con quien salir de manera casual o compartir una cena.”

En Estados Unidos hay un concepto parecido, aunque sin intercambio de dinero, y se llama “body doubling” (doble corporal). En este caso, alguien se une a ti para ayudarte a concentrarte o mantener el foco en una tarea. Puedes pedirle a un compañero de cuarto, familiar, colega o conocido que esté contigo —en persona o en línea— para motivarte, calmarte cuando estés estresado, darte retroalimentación y reducir el sentimiento de aislamiento.

Mi reacción inicial a estas noticias fue mixta.

Por un lado, sentí un poco de tristeza al pensar que hay personas que consideran que invertir en amistades o relaciones es un “molesto compromiso.” Es verdad que las relaciones reales implican que otros desafíen tus ideas o creencias con diferentes puntos de vista. Habrá momentos incómodos, de frustración y de desajustes cuando abres tu vida a alguien más. Pero también hay alegría, amor, risas y consuelo —y eso hace que valga la pena.

Por otro lado, me sentí agradecida por quienes se ofrecen para ser dobles corporales. Mi hija, que trabaja completamente a distancia, suele hacer “body doubling” con una compañera de trabajo. Se conectan a Google Teams y trabajan al mismo tiempo —a veces en silencio, a veces charlando— justo como lo hacemos mis compañeros de trabajo y yo cuando estamos en persona.

Después, en realidad me emocioné con estas dos historias. Al fin y al cabo, esto significa que hay un mundo lleno de personas que desean compañía. Para quienes amamos a Jesús, esto es una gran oportunidad. Cuando vemos a personas a nuestro alrededor que pueden sentirse solas —que necesitan compañía, ánimo y apoyo— podemos dar un paso al frente y servir. Podemos ofrecer ir con ellas a una cita médica, ayudar con proyectos en la casa, preparar comida, salir a caminar o invitarlas a algún juego. Podemos hacerles saber que no son una molestia, sino que son elegidas, amadas y valiosas. Cuando hacemos esto, Dios nos usa para cumplir su promesa de que pone a los solitarios en familia.

Y lo mejor es que podemos recordarles que Jesús es el doble corporal definitivo. Él tomó un cuerpo humano para caminar entre nosotros. Y cuando murió, resucitó y volvió al cielo, prometió: “Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20). Como un extra, nos envió al Espíritu Santo para vivir dentro de nosotros y recordarnos que nunca, nunca estamos solos.

Linda Buxa es escritora y conferencista, y no le molestaría ganar $80,000 dólares al año solo por pasar tiempo con gente.

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About the Author

Linda Buxa

Linda Buxa es profesional independiente de comunicaciones, además de bloguera habitual y escritora colaboradora del ministerio Time of Grace. Linda es autora de Dig In! Family Devotions to Feed Your Faith, Parenting by Prayer, Made for Friendship, Visible Faith y How to Fight Anxiety With Joy. Ella y su esposo, Greg, han vivido en Alaska, Washington D.C. y California. Cuando Greg se retiró del ejército, se mudaron a Wisconsin, donde se establecieron en un terreno de 11.7 acres y ahora cuidan gallinas, varios gatos y un labrador negro. Sus 3 hijos insistieron en crecer y explorar lo que Dios tiene planeado para sus vidas, así que Greg y Linda ahora tienen el nido vacío. El letrero de su cocina resume sus vidas: «Tú lo llamas caos; nosotros lo llamamos familia».

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